El Calafate - El Chaltén


El polaco que bebía kalimotxo

Se huele, se escucha, se siente, se admira, te atrae. Te vas acercando y la brisa te acaricia la cara anunciando que algo extraordinario está por ocurrir. Admiras los tonos del hielo que van cambiando de color. Escuchas cómo se va quebrando el hielo. Sientes que una gran masa helada te espera. Es el glaciar Perito Moreno que se muestra en su máximo esplendor. Pasamos horas y horas embelesados admirando el gran espectáculo de hielo que tenemos frente a nosotros, esperando que un gran trozo se desprenda, provocando un ruido atronador. Sin duda alguna el glaciar Perito Moreno está vivo y te atrae. Sin duda es una de las grandes maravillas de la naturaleza. Es uno de los dos únicos glaciares del mundo que no está retrocediendo por el cambio climático. Esta circunstancia se debe a que el glaciar más famoso de Argentina cuenta con un microclima. Nos vamos al glaciar con Jorge, un gaditano muy simpático con el que coincidimos en el autobús y con el que compartiremos los próximos días. Con Jorge viaja también, Tino, un alemán asentado en Holanda.


Desde El Calafate los cuatro nos vamos a El Chaltén para hacer un poco de trekking por el espectacular Parque Natural de los Glaciares que alberga los famosos picos Fitz Roy y Cerro Torre. El Chaltén es un pueblito de unos 400 habitantes que nació hace unas décadas debido a los montañeros que se acercaban a esta zona atraídos por la espectacular naturaleza. Nada más llegar la atención es impecable. Los responsables del parque nos reciben y nos entregan un mapa con todas las alternativas de trekking que tenemos. Y todo gratuito. Algo casi impensable por esta zona tan turística.

 
En El Chaltén es muy importante el clima. Admirar estas montañas con un sol radiante es imprescindible ya que si está nublado no se pueden apreciar en su total esplendor. Y aunque no todos los días, el tiempo nos acompaña para admirar estas moles de granito nevadas, rodeadas de glaciares y lagos que le aportan una grandiosidad al paisaje.


En el hostel donde nos hospedamos coincidimos con Arek Mytko más conocido como Antonio, un polaco loco cuya aventura nos deja sin palabras. Antonio es el protagonista de una expedición que lleva a cabo en solitario y sin ayuda externa, bautizada con el nombre de Triatlón Patagónico. Las dos primeras fases las había concluido con éxito pero haciendo frente a grandes dificultades. La primera gesta del polaco consistía en realizar 2.000 kilómetros en bicicleta por la ruta 40 hasta El Chaltén. La segunda parte de la aventura del polaco loco pasaba por atravesar en solitario 400 kilómetros por el hielo continental. Debido a una fuerte tormenta con vientos de hasta 100 kilómetros por hora, perdió su equipo, el dinero y casi la vida. Se encontraba cogiendo fuerzas para afrontar la tercera y última parte de su aventura patagónica consistente en cruzar en kayak el estrecho Magallanes y el Canal de Beagle hasta Ushuaia, una distancia de 800 kilómetros en la que iba a invertir un mes acompañado únicamente de su embarcación. Todo un personaje con el que nos reímos mucho.



La última noche que pasamos en el hostel y como despedida de Antonio, celebramos una fiesta vasco-polaca, consistente básicamente en beber chupitos de vodka y litros de kalimotxo. El ambiente fue inmejorable y nos juntamos un buen grupo. Al día siguiente, antes de abandonar El Chaltén, nos despedimos del polaco loco y le deseamos toda la suerte del mundo que sin duda la iba a necesitar. El polaco cuenta su aventura en su página web www.triatlonpatagonico.com.

Nos vamos encantados con El Chaltén ya que ha sido uno de los lugares más espectaculares para realizar trekkings que hemos visitado y sobre todo por la “buena onda” del hostel. Todos los recorridos muy bien señalizados y gratuitos. Recomendable cien por cien.


Próximo destino: Torres del Paine (Chile)

Puerto Madryn




La encantadora de ballenas


Érase una vez una princesa que se comunicaba con las ballenas. Utilizaba una especie de silbido para encantarlas y conseguía que bailasen en el mar.



Nos dirigimos a Puerto Madryn, la puerta de entrada a la Península Valdés, un lugar idóneo para avistar ballenas, pingüinos, toninas y leones marinos. Llegamos a Puerto Pirámides y Prefectura Marítima ha cerrado el puerto y hasta que las condiciones del mar no sean las idóneas, los barcos para avistar ballenas no zarpan.

 
Esto ocurre a diario y hay días en los que no se levanta el veto de salir al mar. Por lo tanto, tan sólo queda esperar. Y tenemos suerte porque a media tarde embarcamos en un pequeño barquito. Pero la mar está bastante picada y nos da la bienvenida con una buena ducha de agua salada. A pesar de los chubasqueros, no nos libramos de una buena calada. Mientras el barco da fuertes golpes contra el mar, Lorea le mira a Ibon y le dice que no le gusta nada. Pero como confía en el capitán, decide que es mejor que no cunda el pánico.
El mar se calma y llega el momento para ver las ballenas. Y no se hacen esperar. La primera aparece con su ballenato. ¡Increíble ver una mole de estas características paseándose pegada al barco!. Aunque parezca que somos nosotros los que vamos a verlas, realmente las que nos observan son ellas. Y avistamos otra que pasa por debajo del barco como si jugase con nosotros. ¡Son espectaculares!. Es muy emocionante ver a estos animales tan cerca que casi los puedes tocar con las manos. Lorea utiliza una especie de silbido para atraer a los cetáceos al barco y da resultado. Entonces la gente que nos acompaña en el barco le emplaza a seguir silbando. El encantamiento da sus frutos. A pesar de la ducha de agua salada nos vamos con un buen sabor de boca porque hemos conseguido comunicarnos con las ballenas.
 

Al día siguiente seguimos con nuestro plan de avistar más fauna local. En Punta Tombo cogemos otro barco, esta vez con la mar en calma, y vemos las toninas, una especie de delfín pequeño, muy juguetón que da grandes saltos junto a la embarcación. Son unos animales muy originales que nunca habíamos visto. En el puerto vemos también leones marinos nadando tranquilamente. Y después nos tocan los pingüinos que se encuentran en una inmensa pingüinera donde hay más de medio millón. Unos están incubando los huevos en sus madrigueras, otros pegándose un chapuzón en la playa, otros haciendo el amor, unos dormidos o jugando y otros cruzándose a tu paso. Están incubando sus huevos en las madrigueras hasta que llegue el invierno, momento en el que emigran hasta la costa de Brasil. Nuestro “safari marítimo” ha sido todo un éxito.





Próximo destino: El Calafate.

Bariloche


Bariloche nazi


¿Y si Hitler no se suicidó en su bunker de Berlín tal y como cuentan los libros de historia?, ¿y si el Führer llegó a la Patagonia tras huir de Alemania y arribar a la costa argentina en submarino?, ¿y si el lugar elegido fuese Bariloche, un tranquilo y pintoresco pueblito patagónico?. Entre chocolaterías y un paisaje de estación de esquí, Bariloche esconde un secreto. El periodista y escritor argentino Abel Basti afirma en su libro “Bariloche nazi-guía turística” que Hitler y su amante Eva Braun, tras huir de Berlín en 1945, se instalaron en una finca a orillas del lago Nahuel Huapi a la que sólo se podía llegar por lancha o en hidroavión.

Esta es su teoría que explica en el libro, pero lo cierto es que existen fehacientes pruebas de que dirigentes nazis huyeron en submarinos hasta Argentina. Prueba de ello es la historia del ex capitán de las temidas SS Frich Priebke, extraditado de Argentina a Italia en la década pasada, por su responsabilidad en el fusilamiento de unas 300 personas. Priebke vivió en Bariloche donde presidió la Asociación Cultural Germano-Argentina. El periodista recoge en su libro fotografías que aportan pruebas del paso de criminales de guerra nazis como Borman y Mengele por Bariloche.


Llegamos a este turístico municipio y está jarreando, algo normal por esta zona donde el tiempo es impredecible. Es curioso pero las predicciones meteorológicas no sirven para nada en la Patagonia. Nadie se atreve a dar un pronóstico del tiempo, ni siquiera para el mismo día y en 24 horas pueden sucederse las cuatro estaciones. Por lo tanto en la Patagonia la previsión del tiempo siempre es: variable.

Y como buenos vascos, hacemos amigos. En el hostel conocemos a dos norteamericanos con los que aprovechamos para hacer unas caminatas alrededor del lago Nahuel Huapi, un paisaje salpicado de montañas y lagos al más estilo suizo. También mantenemos algunas charlas con ellos sobre el mundo y nos explican que en su país constantemente les venden lo inseguro que es Sudamérica y sobre todo Bolivia y Perú. Entonces te das cuenta las cosas que hacen los yanquis en aras de su seguridad nacional.

Y como buenos vascos, aprovechamos la estancia en Bariloche para salir de juerga con un norteamericano, un suizo Benja, un argentino Facundo. Y nos vamos a un boliche. Nos damos cuenta que los seis que compartimos habitación en el hostel ¡estamos de juerga!, ¡no queda nadie en la habitación!. En la discoteca nos llaman la atención los dos seguratas con chalecos antibalas al más estilo “Hombres de Harrelson”.


Al día siguiente ponemos rumbo a El Bolsón, un pueblito mucho más tranquilo que ofrece la posibilidad de hacer caminatas muy agradables. Nos alojamos además en un hostel precioso situado junto al río donde dormimos como bebés. Conocemos a una pareja de catalanes, Marc y Ester, con quienes recorremos el “Cajón azul”, una agradable caminata que discurre por la vereda de un río de un color azul intenso. Al día siguiente nuestras compañeras de caminata son dos chicas argentinas muy simpáticas, Vichi y Silvia. Con ellas compartimos los próximos días en El Bolsón. Vichi nos deleita con una cena típica alemana, receta aprendida de sus abuelos de origen alemán, y Silvia que es profesora de tango nos explica la historia y el significado del baile típico argentino y nos enseña incluso unos pasos. Pensábamos que el tango es una expresión folklórica dirigida al turismo, pero Silvia nos explica que los jóvenes argentinos acuden los fines de semana a boliches a bailar tango. ¡Ah!, en Argentina los libros son muy baratos. Que alguien tome nota.


Próximo destino: Puerto Madryn.

Buenos Aires

Los jueves a las 15.30


Como decía Sabina: “Y Buenos Aires es un bicho que camina, ensortijado entre los sueños y la confusión”. Aterrizamos en la capital argentina, una ciudad que en un tiempo soñó con ser la París de Sudamérica y sin duda algo de ese sueño se puede apreciar en el ambiente. Es una gran ciudad con aires europeos.




Nos alojamos en el barrio de San Telmo, el más bohemio y agradable de la ciudad, donde parece que el tiempo se detuvo hace décadas. Tiendas de antigüedades, cafés con encanto y olor añejo, junto a los espectáculos de tango en la plaza, aportan un aire de nostalgia por tiempos pasados.


Decidimos quedarnos una semana en la capital, una capital que parece estar diseñada para Lorea. Su avenida principal es la del 9 de julio (su cumpleaños) y hay una plaza llamada Lorea, en alusión al apellido de un personaje de la ciudad llamado Isidro.


Por lo tanto nos empapamos a fondo del ambiente porteño. La Boca (foto) es el barrio más “castizo”, donde se realizó la primera fundación de Buenos Aires en 1536. En épocas de la Colonia española La Boca era una zona de barracones para los esclavos negros. En el período independiente funcionaron allí saladeros (cobertizos en que se salaba la carne vacuna para la exportación) y curtiembres de cuero. De esa época se mantienen las casitas de colores vistosos. Aunque ahora el barrio es el centro para los pintores que muestran sus obras en la calle. Y está lleno de restaurantes que intentan atraer a los turistas con sus exhibiciones de tango.


Y en la Boca se encuentra el estadio del Boca Junior, más conocido como “La Bombonera”, porque el fútbol es una de las grandes pasiones en Argentina. Las calles se quedan desiertas y los boliches (bares) se llenan para ver la clasificación de Argentina para el mundial. La gente vibra con el fútbol. Es una religión.

Cada jueves a las 15.30 horas la Playa de Mayo se llena de pañuelos blancos. Son las Madres de la Plaza de Mayo que desde 1977 se reúnen para seguir reivindicando justicia y verdad. Son madres reunidas en una misma tragedia: la desaparición forzada de sus hijos e hijas a manos del aparato del Estado argentino en la época de la represión militar durante la última dictadura en Argentina (1976 – 1983). Se reúnen las fundadoras y la rama escindida hace dos décadas. A pesar de dichas diferencias ambas organizaciones siguen concurriendo a actos en conjunto y tiene el mismo objetivo: Verdad (conocer el paradero de sus hijos e hijas detenidas-desaparecidas) y Justicia (el castigo de la autoría de los actos de represión). Y lo que nos llama la atención es que a pesar de que su presencia es habitual cada jueves, siguen atrayendo la atención de los medios de comunicación.
Mantienen la costumbre de reunirse en la Plaza, porque es la plaza la que les hizo sentirse iguales. Entre sus conversaciones se podía escuchar: "¿qué te pasó?", "¿cómo fue?". La plaza les agrupó. Eran una igual a la otra, a todas les habían llevado los hijos e hijas, a todas les pasaba lo mismo y habían ido a los mismos lugares. “Ustedes saben que en esa época éramos despreciadas, nuestras familias pasaron a ser las familias de los "terroristas", se nos cerraban las puertas, así que era poca la gente con la que una podía conversar. Pero con las madres éramos todas iguales, nos pasaba lo mismo, veíamos la misma gente”, nos aseguran. Y así fue creciendo la Plaza.



Compartimos un trozo de plaza con las madres y con más gente que se une y nos comentan que estaban satisfechas con la decisión del Senado de aprobar la ley antimonopolio de medios de comunicación. Una ley que impide la existencia de empresas fuertes que controlen la información. Sin duda algo positivo.



Y mientras recorremos las calles y visitamos el interesante cementerio donde está enterrada Eva Duarte (Evita), nos encontramos con un “pasea perros” (foto), que pueden llevar hasta16 canes a la vez. Y lo bueno es que no se enganchan entre ellos a pesar de la obvia diferencia de tamaños y razas. El chico encargado de pasearlos se queda un poco alucinado porque le sacamos fotos. Y aprovechamos para hablar un rato con él. Nos dice que los perros se portan muy bien y que es un trabajo habitual en Buenos Aires.


Dejamos Buenos Aires para seguir nuestra ruta argentina por Rosario, Córdoba y Mendoza, unas ciudades agradables pero sin muchos alicientes. Una anécdota: cuando llegamos a Mendoza nos preguntan si hemos sentido el pequeño terremoto en Córdoba. Nos quedamos alucinados, no nos hemos enterado de nada.


Próximo destino Bariloche.

Salvador de Bahía II

Martes en Pelourinho

Salvador de Bahía es una ciudad muy turística que acoge uno de los Carnavales más famoso del país después del de Río de Janeiro y donde la influencia africana se palpa en todos sus rincones. El casco histórico de Salvador de Bahía, conocido como Pelourinho, luce una preservada arquitectura con casonas e iglesias coloniales y empinadas calles empedradas. Pero el centro turístico es también el recuerdo de una época más cruel. Pelourinho significa “poste de azotes”, y era el lugar donde se castigaba y se vendía a los esclavos. El azote a los esclavos estuvo permitido en Brasil hasta 1835. Tras una época en la que el casco histórico quedó abandonado, la UNESCO lo rehabilitó hace unos años, declarándolo Patrimonio de la Humanidad. Realmente el centro se muestra muy cuidado y con encanto pero tan sólo son tres calles. Fuera del centro la cuidad es gris, fea y triste.


El mejor día para visitar Salvador es el martes ya que por la noche las escuelas de batuca salen a la calle a ensayar y el ambiente es impresionante. Además, el cantante Gerónimo ofrece un concierto en directo cada martes. Entonces las calles se llenan de ruido, música y gente bailando. ¡No queremos ni imaginarnos en lo que se convierte esta ciudad en Carnaval!.


Nos alojamos en un hostel donde nos atiende Gustavo, un argentino que decidió buscarse la vida en Brasil. Su amabilidad, las charlas que tenemos y sobre todo los impresionantes desayunos que nos prepara cada mañana, hacen que la estancia sea más agradable. Visitamos todos los rincones de esta ciudad e incluso pasamos en barco a una tranquila isla cercana.


Decidimos dejar Salvador por unos días para adentrarnos en el interior, en la Chapada Diamantina, con la intención de buscar un poco de contacto con la naturaleza. Exploradores que llegaron de todas partes de Brasil invadieron a principios del siglo XVIII la Chapada en busca de oro y diamantes. Ahora la zona se vuelca en el ecoturismo. Llegamos a Lençois con la idea de hacer algunos trekkings. Tras preguntar sobre las rutas, nos llevamos un chasco ya que todo lo que ofrecen en el agradable municipio está organizado en tours y no nos apetece pagar por caminar y menos por rutas muy fáciles. Aunque nos dicen que nos vamos a perder y que es necesario llevar un guía, intentamos hacer las excursiones por nuestra cuenta. Lo cierto es que parece que lo hacen a propósito ya que los caminos se bifurcan constantemente y no están señalizados. Tal vez somos un poco mal pensados, pero el negocio sigue su lógica. Así y todo y más que nada por nuestra cabezonería, conseguimos llegar a las cascadas de la zona.


Tras cuatro días regresamos a Salvador y desde allí nos vamos a descansar a Imbassaí, un pequeño municipio con una playita virgen y solitaria, lejos de los grandes complejos hoteleros. Precisamente no hace mucho ha abierto sus puertas a unos kilómetros de esta zona un mega hotel de la cadena española Iberostar que ha provocado que las tortugas que llegaban a desovar a esta playa se espanten por sus luces y hayan decidido no parar aquí. En Imbassaí nos alojamos en un hostel precioso regentado por Roberto, otro argentino busca vidas, donde nos quedamos a descansar y apuramos los últimos días en Brasil antes de coger un vuelo hacia Argentina. 

Próximo destino: Buenos Aires (Argentina).






Salvador de Bahía

Los sueños de Rodrigo

Rodrigo es un niño de 12 años. Camina descalzo, viste ropas raídas y sucias y necesita un buen baño. Sus rizos castaños claros y su tez morena delatan una mezcla de genes tan usual en Salvador de Bahía. Es uno de los tantos niños que viven en la calle de esta turística ciudad. Se pasea por Pelourinho, el centro histórico, abordando a los turistas para pedirles. Es su medio de subsistencia. Perseguir al turista le ha aguzado el oído y se defiende en cualquier idioma. Se nos acerca y nos dice que no quiere dinero, sino que le demos comida. Le preguntamos si no va a la escuela y nos dice que irá por la tarde. Por la tarde volvemos verle y nos dice que por la mañana. Al día siguiente le vemos de nuevo deambulando detrás de la gente y nos ve. Se acerca y rápidamente nos aclara que acaba de salir de la escuela. La cruda realidad se mezcla con la ficción inventada por un niño acostumbrado a tejer su propia historia. Con un gesto que nos parece un tanto teatral, pone cara de pena y nos dice que necesita comida. Nos cuenta que vive con su familia y que no tienen nada.


En Salvador los niños de la calle salen por la noche y duermen por el día. Dicen que para que no les maten los “Escuadrones de la Muerte”. Nos comentan que siguen en activo, todavía existen. Le compramos una caja de galletas. Al día siguiente nos vuelve a buscar y se acerca. Es educado y en ningún momento se muestra agresivo a pesar de que la calle le ha hecho madurar a pasos agigantados. Pero en el fondo no deja de ser un niño de 12 años al que nadie le ha dado una oportunidad para serlo. Le preguntamos qué le gustaría ser de mayor y con una sonrisa nos dice: profesor. Sueños de un niño sin futuro. Nos persigue y le decimos que nosotros no podemos hacer nada. Rodrigo se aleja y nos sentimos despreciables. Mientras se va, nos preguntamos: ¿cuándo jugará Rodrigo?. Sin duda, no tiene otra elección: nunca.


Y mientras desperdicia su futuro por las calles de Salvador, Río de Janeiro será la capital del deporte en 2016, acogiendo los Juegos Olímpicos. ¿Una buena noticia para este país que todavía permite a sus niños mendigar por las calles?, ¿o simplemente otro método para que unos pocos se llenen los bolsillos?. ¿Realmente se puede permitir a un país que da la espalda a los que son su futuro que acoja un acontecimiento de esas características?. ¿Qué pensarán los niños como Rodrigo sobre ostentosas ceremonias inaugurales y medallas?. Nos vamos de Salvador de Bahía. Buscamos con la mirada a Rodrigo, pero hoy no aparece. Nos vamos pero él se queda.

Costa de Brasil


Al ritmo de la costa brasileira

La costa brasileira nos recibe con su lado más étnico, un exponente del cruce de culturas donde la influencia africana es mayor cuanto más al norte nos desplazamos. El ritmo es tranquilo, sin prisa y pausado, un ritmo del que nos contagiamos enseguida. Y disfrutamos con uno de los espectáculos que nos deja con la boca abierta: la capoeira, una expresión corporal afro-brasileña que sin duda merece la pena disfrutarla en directo y en la calle.


Aprovechamos para recorrer una parte de la costa y la idea es llegar hasta Salvador de Bahía, ya que las distancias en este país son realmente enormes. Desde Río de Janeiro nos vamos a Búzios, un apacible pueblito de pescadores que dejó de serlo en los años 60 cuando llegó la actriz francesa Brigitte Bardot. Desde entonces se ha convertido en un lugar muy chic y turístico pero que nos resulta muy agradable y tranquilo. Miramos algunas casitas para quedarnos aquí para siempre, pero de momento que nadie se preocupe que tenemos intención de llegar a Durango.


Tras unos días en Búzios, nuestros siguientes destinos son Puerto Seguro, Arraial d`Ajuda, Trancoso e Itacaré. En este último pueblito se encuentra la que está considerada una de las mejores playas de Brasil. Y realmente es preciosa. En definitiva, disfrutamos de las paradisíacas playas y cargamos las pilas con el calorcito brasileño para dejar atrás el frío boliviano.


Lo mejor de esta aventura es que viajamos sin prisa, sin plazos. Y cuando la gente nos pregunta, “¿hasta cuándo os quedáis por aquí?”, les respondemos: “hasta cuando queramos”. Y es que planeamos el recorrido sobre la marcha, sin reservar alojamiento y recabando información de otros viajeros que nos encontramos en los hostels. Nos llama la atención que hay muy poca gente viajando por la costa brasileña. En muchos hostels estamos ¡solos!, algo increíble. Pero todo un lujo para nosotros.


Próximo destino: Salvador de Bahía.