Salta (Argentina)


Los niños de Llullaillaco

La ciudad de Salta es nuestro primer contacto con Argentina. Nos quedamos en este municipio porque está a medio camino entre San Pedro de Atacama y las Cataratas de Iguazú. Pero Salta nos depara una sorpresa: las momias mejor conservadas del mundo se exhiben en un museo de esta ciudad. Son conocidas como “Los Niños de Llullaillaco”. Se trata de tres niños bautizados como: "La Doncella", "La Niña del Rayo" y "El Niño", que fueron hallados en marzo de 1999 en la cima del volcán Llullaillaco, en los Andes, a 6.739 metros de altura, junto a más de 150 objetos que componen su ajuar. Las condiciones ambientales de la alta montaña garantizaron el excelente estado de preservación en el que fueron halladas. Casualmente, National Geographic Chanel estrena en la tele un reportaje sobre estas momias que nos motiva para visitar el Museo de Alta Montaña, que fue creado en Salta para exhibir este patrimonio.

En el museo se muestra el ajuar y de forma rotativa una de las tres momias. Nuestra visita coincide con "La Niña del Rayo", que tenía algo más de 6 años cuando murió. Está sentada con las piernas flexionadas, las manos semi-abiertas apoyadas sobre los muslos y su rostro en alto. Su nombre se debe a que según las investigaciones, tras su entierro, la elevada temperatura de una descarga eléctrica quemó parte de su rostro, cuello, hombros y brazos, como sus prendas y parte de su ajuar. La momia se exhibe detrás de un cristal donde se encuentra a una temperatura adecuada y con una luz tenue para conservar su estado. Parece dormida. Se pueden apreciar todos los detalles de su indumentaria, incluso sus dientecitos de niña. Es increíble mirarle a la cara. Te atrae y no puedes dejar de mirarle, y piensas que en cualquier momento va a abrir los ojos y te va a pegar un susto de muerte.

Es curioso, pero las momias mantienen intactos sus órganos y gracias al buen estado de conservación los expertos han realizado interesantes investigaciones que han aportado datos muy curiosos como que “La Doncella” tenía un problema respiratorio, estaban bien alimentados o que no tenían caries, etc. Al parecer no fueron sacrificados, sino que se les dejó dormidos en el interior de la montaña. Según los investigadores, los "Niños del Llullaillaco" fueron los protagonistas de la máxima ofrenda realizada por los Incas a sus dioses en una ceremonia denominada "Capacocha". Al aparecer fueron elegidos por su perfección física y por su condición política y social y fueron conducidos a la cima del volcán, a la tumba Inca encontrada a mayor altura. Es increíble cómo tres niños de 15 y 6 años pudieron andar kilómetros y kilómetros durante días, para luego ascender a esa altura y llegar vivos.
Lo cierto es que toda la historia en torno a los tres niños nos fascina. La fotografía que hemos elegido la hemos cogido prestada de Internet porque, como es lógico, dentro del museo está prohibido sacar fotos.
Próximo destino: Cafayate.

San Pedro de Atacama (Chile)

Un paseo por la luna

Abandonamos Bolivia con la sensación de dejar atrás un país que nos ha calado hondo. Esperamos que los bolivianos miren por fin al futuro con esperanza. Después de un breve trayecto en autobús pasamos la frontera y llegamos al municipio chileno de San Pedro de Atacama, la puerta de entrada al desierto de Atacama, uno de los más áridos del planeta y que atrae a muchos visitantes. Es por ello que nada más pisar territorio chileno, los precios se disparan. Según nos dicen, San Pedro de Atacama es uno de los lugares más caros del país. Y eso que el pueblo no ofrece muchos alicientes, aparte de hoteles de todas las categorías, restaurantes y agencias de turismo, pero el tirón turístico es el que manda.

Aprovechamos nuestro paso por Atacama para visitar el Valle de la Luna y el Valle de la Muerte, algunos de los lugares más representativo del desierto. Para ir al Valle de la Luna que se encuentra a 16 kilómetros, alquilamos unas bicicletas. El paisaje es espectacular. Durante miles de años la erosión ha moldeado un paisaje único de color rojizo, concediéndole un aspecto lunar. El recorrido es sencillo ya que casi todo es llano. Se realiza fácilmente y es muy gratificante recorrerlo en bicicleta. A la excursión se nos une un nuevo compañero: un perro pastor alemán que nos acompaña durante todo el recorrido y que incluso hace de guía. El chucho es casi el único ser vivo que vemos por este paraje, ya que estamos completamente solos, un aspecto que todavía aporta mayor grandiosidad al lugar.

 
Al día siguiente nos toca al Valle de la Muerte, un paraje a 4 kilómetros de San Pedro, salpicado de curiosas formaciones rocosas. La acumulación de arena durante miles de años ha moldeado unas dunas espectaculares donde se puede hacer snow. Después de alquilar una tabla nos vamos andando hasta el valle. Deslizarse por las dunas tiene su punto pero es totalmente diferente a la nieve y lo peor es que después de bajar no hay remonte. Y subir la duna de casi 100 metros de altura es duro, sobre todo después de haberla subido más de diez veces. Pero merece la pena ya que el paisaje es espectacular y hacer snow en el desierto es por decirlo de alguna forma, algo curioso. Dejamos Chile de momento, para volver en noviembre.

Próximo destino: Salta (Argentina).

Salar de Uyuni



Un gran mar de sal

Hace millones de años fue el fondo de un océano, pero la tierra se levantó y dejó un gran mar blanco a 3.600 metros de altitud. Se trata del Salar de Uyuni, un gran desierto de sal que abarca una extensión de 12.500 kilómetros cuadrados y que va creciendo. No te puedes ir de Bolivia sin visitar el Salar. Para ello hay que acercarse hasta el pueblo de Uyuni donde contratas una excursión de varios días.


Después de nueve horas de autobús por una carretera sin asfaltar llegamos por fin a Uyuni, un pueblo que no tiene mucho encanto y que vive del turismo que atrae el Salar. Y nada más llegar comienza el dilema. Qué compañía elegir para realizar el tour ya que hay más de medio centenar y todas prácticamente ofrecen el mismo recorrido. La diferencia está en el servicio, porque habíamos oído de todo: que si los coches se quedaban tirados por falta de mantenimiento, los guías no abrían la boca, las comidas pésimas. Leemos en un foro que un tal Roberto había puesto en marcha una iniciativa muy práctica: confeccionar una lista de las agencias, recoger las opiniones de los que volvían de las excursiones y así elaborar un ranking para orientar a gente como nosotros. Nos plantamos en el bar de Roberto y nos dice que la iniciativa, que por cierto había puesto en marcha con gran éxito, tuvo que retirarla por amenazas reales de muchas compañías que no veían con buenos ojos el ser evaluados. Una pena. Y así se lo decimos al simpático Roberto que nos atiende muy amablemente y nos da mucha información. Nos recomienda una excursión de cuatro días a pesar de que lo habitual suele ser de tres, pero un día más permite disfrutar con más tranquilidad del Salar. Agradecemos a Roberto toda la información que nos presta y le animamos a que reanude la interesante iniciativa.


Como tenemos tiempo de sobra, contratamos un tour de cuatro días, que al final hasta se nos quedan cortos. Nuestros compañeros de grupo van a ser tres franceses, ¡cómo no!, porque parece que tiene descuentos en Perú y Bolivia, y un británico. Y nuestro guía Edgar al que bautizamos desde un principio como “el capullito”. Sin duda el mejor guía que nos pudo tocar. Nos reímos con él, nos explica un montón de cosas, hablamos de infinidad de cuestiones, en definitiva, un profesional con un gran sentido del humor que propició que la excursión fuese todo un éxito. Y todos nos subimos al todoterreno, el que será nuestro medio de transporte en los próximos días.


Al adentrarte en este inmenso salar te sientes como algo insignificante, una pequeña parte en medio de los 12.500 kilómetros cuadrados. Es un gran desierto blanco en el que pierdes la noción de las distancias. Un cielo azul oscuro, sobre una inmensidad blanca, rodeado por los Andes. Increíble. Recorres kilómetros y kilómetros y da la sensación de que apenas has avanzado un milímetro. La grandiosidad del Salar y el infinito blanco nos dejan mudos. Es por ello que sin duda hemos decidido incluirlo en nuestro Top Ten de maravillas naturales.


La primera noche dormimos en un hotel de sal muy básico pero muy acogedor. Y al día siguiente madrugamos para hacer un trekking de cinco horas al volcán Tunupa (5.181 metros). A estas alturas “barbie trekking” está en forma y ni rechista, y eso que a esta altitud cuesta dar un paso. Después nos subimos de nuevo al todoterreno para visitar la isla Inca Huasi, llena de cactus con formas curiosas. La temperatura poco a poco va descendiendo. El tercer día salimos del Salar. Vamos pasando por el desierto y va cambiando el paisaje. Es espectacular, lagunas altiplánicas y la Laguna Colorada que tiene este color por los minerales. Cada vez empieza a hacer más frío. Nos preparamos para esta tercera noche que nos han dicho que el termómetro baja hasta 30 grados bajo cero. No fue para tanto, sólo bajó hasta menos 20 grados. Pero no pasamos frío durmiendo. Madrugamos y entonces sí que hace un frío que pela. Pasamos por los géiseres y la Laguna Verde y antes de desayunar nos metemos en unas aguas termales. Aunque hace un frío de espanto fuera, el agua está deliciosa. Acabamos el tour y nos deja en la frontera con Chile. Nos despedimos de nuestro Edgar y de Bolivia.

Próximo destino: San Pedro de Atacama (norte de Chile).

VALORACIÓN BOLIVIA:

Abandonar Bolivia nos ha provocado una sensación de morriña. Echamos en falta a su gente y a sus lugares llenos de vida. Es un país que nos ha sorprendido gratamente y nos ha cautivado. Y los causantes han sido un cúmulo de factores: la amabilidad de la gente, el paisaje prácticamente virgen e intacto, la vida que desprende y su política que a nadie deja indiferente. Preguntamos sobre este tema directamente a la gente con la que entablamos relación, no nos cortamos, y sobre lo que opinan del gobierno de Evo Morales. Lo bueno es que todos tienen una opinión y a la gente le gusta hablar de política.


Entre los detractores de Evo Morales nos hemos encontrado gente que asegura que tiene un proyecto político, pero no social y que se centra únicamente en una parte de la población. Por su parte, los defensores a ultranza confían en el presidente y en su política y están convencidos de su reelección. Y tal vez no confían en un presidente sino en Evo Morales, porque Bolivia ha tenido muchos presidentes y las corruptas y desastrosas políticas que han implantado hasta ahora han dejado a un lado a la mayoría de la población, provocando que sea uno de los países más pobres de Sudamérica. Bolivia no se merece que nadie le trate así. Nosotros hemos visto proyectos en marcha, como carreteras que se están asfaltando, luz eléctrica llegando a los pueblos más remotos, saneamiento, sanidad para todos, ayudas a la educación, un intento por acabar con el analfabetismo, comedores sociales, bonos para los mayores sin recursos… En definitiva, se está impulsando una política para ofrecer una cobertura a los que hasta hora estaban apartados y olvidados. Por supuesto con sus aciertos y sus desaciertos. Pero lo que no entendemos es el motivo por el que estas iniciativas molestan tanto a los detractores de Evo Morales. A los que preguntamos, nadie nos dio una respuesta convincente.

Potosí y Sucre




Por las entrañas de la Pachamama


“Soy el rico Potosí, del mundo soy el tesoro, soy el rey de los montes, envidia soy de los reyes”. Nuestro próximo destino pasa por la ciudad de Potosí, declarada Patrimonio de la Humanidad y que da nombre a un refrán muy extendido: “vales un Potosí”. El significado procede de las minas que desde que comenzaron a explotarlas en el siglo XVI, proporcionaron toneladas de plata a los conquistadores durante siglos.



Potosí está situada bajo el Cerro Rico (4.800 metros de altitud) y su nombre lo dice todo: durante siglos sufragó con el mineral que salía de las entrañas de la montaña numerosas guerras de los conquistadores.


Decidimos hacer una visita a las minas y para ello tenemos que vestirnos con el atuendo de un minero y de esa guisa nos adentramos en las entrañas de la Pachamama. ¡Soy mineroooo!. Aunque lo parezca, la visita no es ninguna broma. Hay que entrar por túneles excavados, sin luz, que en muchos tramos no te permiten ponerte de pie, además de inhalar un aire lleno de polvo y andar por el barro. Se trata de un laberinto de galerías excavadas durante siglos que han provocado que las entrañas de la Pachamama se parezcan a un queso gruyere.



Las minas están bajo el control de cooperativas y todavía te encuentras con mineros que trabajan en las mismas condiciones que en el siglo XVI, tratando de extraer las agotadas riquezas: sin ningún tipo de protección, ni control, ni adelantos tecnológicos, trabajando con pico, pala y barreños, y lo más fuerte de todo es que da la sensación de que excavan donde mejor les parece.

Nos explican que cada uno de ellos decide cuándo y cuánto tiempo trabajar. Algo así como: me voy a la mina a trabajar un rato, a ver si hay suerte y saco algo. Perseguirán un sueño, el de hacerse ricos, pero de momento el único aliciente que tienen es masticar la hoja de coca. Las instalaciones dejan también mucho que desear y probablemente no habrán cambiado mucho desde el siglo XVI.

La hoja de coca, el tabaco y alcohol de 96 grados son primordiales en las minas. Son también las ofrendas al Tío (foto), un personaje con imagen de demonio que te lo encuentras dentro de las galerías y que protege a los mineros. Pero a pesar de las ofrendas, la mina se sigue cobrando sus vidas. Nos explican que las mujeres no pueden entrar a trabajar dentro de las minas, pero sí fuera, seleccionando lo que sale de dentro. Antes de entrar, te invitan a comprar tabaco, alcohol, hoja de coca y ¡dinamita!, para ofrecerles a los mineros. Lo de la dinamita no nos queda muy claro, pero cuando ves las condiciones en las que trabajan te percatas que la hacen estallar donde mejor les parece.


Potosí fue una ciudad económicamente muy fuerte y creció gracias a las minas. Se instaló incluso una Casa de la Moneda que se puede visitar y que merece la pena porque es parte de su historia. Para explotar las minas, los conquistadores se aprovecharon de la “mita”, una institución inca que obligaba a trabajar cada siete años un periodo de cuatro meses. Además de los indios, introdujeron también esclavos negros para trabajar en condiciones infrahumanas, pero al parecer se morían como moscas.


De Potosí nos llevamos la sensación de que en su época fue una ciudad que vivió un gran esplendor económico. Tal vez fue el tesoro del mundo, pero las riquezas se las llevaron en barcos y dejaron un cerro que ya no da más de sí.


De Potosí nos vamos a Sucre, una ciudad universitaria que alberga varias facultades y que merece una visita ya que es muy agradable.


Próximo destino: Salar de Uyuni.

28 de agosto





Día de reflexión

Hoy 28 de agosto hemos decidido que vamos a dedicar este día a la reflexión. Hace un año se murió tía Bego y por eso hoy nos acordamos de todos, sobre todo de amama, Pepe y tía Carmen, y de forma muy muy especial de Izaro. Hoy hacemos un parón para acordarnos de tía Bego que seguro que una parte de ella ha venido con nosotros. En cierta manera ella tiene un poco la “culpa” de este viaje, porque sin saberlo nos enseñó que hay que disfrutar de la vida a tope. Es por ello que queremos que sea un día para la reflexión sobre la efímera distancia entre estar y no estar aquí. Os invitamos a todos a reflexionar y que nadie tenga miedo a cumplir sus sueños. Carpe diem.


La Paz-BOLIVIA


Las dos Bolivias


Cambiamos de nuevo de país y atravesamos la frontera hacia Bolivia, nuestro próximo destino. Se trata básicamente de una frontera política ya que las escenas se repiten: las caras de la gente, las indumentarias, el idioma, etc. A pesar de estar divididos por una frontera, Perú y Bolivia tienen muchas cosas en común: comparten historia, cultura, tradiciones, e idioma.

Llegamos a La Paz, la capital más alta del mundo (3650 metros de altitud). Se trata de una gran ciudad, caótica, llena de coches de sexta mano y gente, mucha gente en la calle. Miles de viviendas van ocupando la ladera de la montaña, como si literalmente estuviesen colgadas.

Llegar a La Paz es como aterrizar en un enjambre de puestos de venta de todo tipo que no sólo ocupan las aceras, incluso también el asfalto de la carretera. Es como un gran centro comercial, pero al aire libre. Puedes encontrar puestos de venta de libros, frutas y verduras, productos de limpieza, fetos de llamas, kits de ofrendas a la pachamama, complementos electrónicos, comida, y un largo etcétera. Hasta es posible que te preparen una pizza debajo de un semáforo. Esto es La Paz.

Llegamos el 1 de agosto, día de la ofrenda a la Pachamama y nos encontramos con una curiosa tradición: encienden hogueras en las entradas de las tiendas para que el humo las purifique, un humo que se adueña de todo el establecimiento para la curiosidad de los nunca hemos participado en tan curioso ritual.

En La Paz conviven las dos Bolivias: la que domina económicamente con sus rascacielos (aunque no tienen nada que ver con los de una capital europea) y la que subsiste como puede. Sin duda y tras conocer las dos, nos quedamos con la segunda. A pesar de sus limitaciones y su cruda realidad es más rica y está más llena de vida. Y obviamente también nos hemos encontrado las dos Bolivias enfrentadas políticamente: la defensora a ultranza de Evo Morales, a quien consideran un dios y la detractora del presidente y su política.

La realidad y las contradicciones de esta ciudad nos atrapan desde un primer momento. A pesar de la fama de insegura y caótica que tiene, a nosotros nos atrae y decidimos dedicarle varios días. Callejeamos, visitamos los edificios más emblemáticos y miramos con curiosidad los puestos de venta. Uno de los días de nuestra estancia en La Paz lo compartimos con las chicas de Valladolid y Palencia que conocimos en el lago Titicaca y con las que volvemos a encontrarnos.

Ibon en bici: uno de los días me fui a hacer un descenso en montain bike por la llamada “Carretera de la Muerte”. Es una las actividades que tenía marcada en rojo en este viaje. Consiste en un descenso de 60km que comienza a una altura de 4700m y acaba a 1200m. Es una carretera estrecha de grava con un barranco a uno de los lados por el que hasta hace 3 años circulaban los vehículos pero que ahora como han hecho una nueva carretera, ya no hay el trafico de antes. El descenso no tiene mayor dificultad ya que no es muy pronunciado y casi no hay tráfico (en todo el descenso solo nos cruzamos con dos coches). A poco que andes en bici, el descenso no entraña peligro. El problema es que este descenso es muy popular y lo hace mucha gente y por lo tanto hay algunos que no han cogido una bici desde la comunión y se creen Marco Pantani. Fue lo que le ocurrió a un rumano que justo delante de mí se dejó media cara, además el guía nos dijo que hacía unos meses una chica se cayó por el barranco y …..caputo. Pero la verdad es que el descenso está muy bien ya que las vistas son espectaculares y hacer algo fuera de lo habitual te hace desconectar un poco. Te dejan unas bicicletas que no están nada mal (con frenos de disco), además de guantes, casco y una especie de chándal. El desplazamiento es en furgoneta. Te dan desayuno y comida y al final te regalan una camiseta. Todo por 20 euros. La verdad es que merece la pena.

Lorea aprovecha el día para pasear por La Paz y llevar la ropa a limpiar a una lavandería que falta nos hacía. Tenía ganas de ir al cine a ver una peli, pero la cartelera motiva bien poco y no hay mucha elección, por lo que decide posponer la sesión de palomitas hasta una mejor propuesta.Otro de los días decidimos hacer una visita a las ruinas de Tiahuanaco, un enclave situado a unas dos horas de La Paz en autobús público que se convierten en cuatro. Cosas de Bolivia. Antes de que los conquistadores llegaran o incluso antes de que los incas edificaran su imperio, la misteriosa ciudad de Tiahuanaco yacía ya en ruinas. Sus moradores desaparecieron, pero los restos que dejaron daban fe de una poderosa y antiquísima civilización. La verdad es que hoy en día poco o nada queda de aquel pasado y lo que queda de Tiahuanaco, no hace justicia a lo que debió ser. Los saqueos y la poca protección e interés que han dedicado al enclave han provocado que a nuestro parecer, no merezca la pena una visita. Y menos pagar la desorbitada entrada (8 euros), ya que apenas queda nada de lo que fue y ni siquiera te haces una idea. Una verdadera pena.

Próximo destino: Potosí y Sucre

Lago Titicaca

Regreso al pasado




Según los incas el lago Titicaca es el origen de todo, el lugar del que emergió el dios Sol para crear al primer inca. El lago navegable más alto del mundo (3.812 metros de altitud sobre el nivel del mar), es una gran masa de agua dulce que se extiende entre Perú y Bolivia y está salpicada por más de 40 islas, algunas de ellas habitadas por comunidades que viven de la pesca, la agricultura y desde no hace mucho tiempo han abierto sus casas al turismo, como una forma de obtener ingresos. Se trata de un turismo muy controlado ya que son las propias comunidades las que planifican la estancia.


Y movidos por la curiosidad de conocer esta realidad, nos fuimos para el Titicaca. El plan era visitar las islas flotantes de totora de los Uros y las islas de Amantaní y Taquile. Cogemos un barco desde el puerto de Puno y llegamos al territorio de los Uros (foto). Son unas islas artificiales elaboradas con juncos de totora, lo que nosotros conocemos como cañas, confeccionadas con técnicas heredadas de sus antepasados los incas. La sensación de pisar la isla es curiosa: es como desplazarse por una superficie de goma espuma. Los Uros dejaron la tierra firme huyendo de los colonizadores y construyeron sus casas también de totora en el mismo lago sobre estas islas artificiales que no tienen más de 50 metros de diámetro. Lo curioso del tema es cómo en pleno siglo XXI siguen viviendo de esta forma que nos resulta tan extraña. Aunque las islas están ancladas al lecho del lago, es difícil acostumbrarse a “flotar” sobre los juncos de totora y estar completamente rodeado de agua en un espacio tan pequeño. Para ellos es algo natural.


De esta isla nos desplazamos a Amantaní, donde vamos a pernoctar. Nada más descender del barco, unas señoras nos reparten a todos los que llegamos en las diferentes casas de los lugareños que están dispuestos a acoger a viajeros. La comunidad ha decidido abrir sus casas a los que quieran visitarles y al parecer se reparten los ingresos. En la isla no hay hoteles ni restaurantes, lo que ofrecen son sus viviendas e invitan a compartir su estilo de vida.


A nosotros nos toca la casa de Ricardina que ha acondicionado una habitación junto a su vivienda para los visitantes. La casa carece de luz y agua y está edificada con adobe, como todas las de la isla. Es curioso que estando rodeados de agua dulce, carezcan de este bien tan preciado porque no pueden correr con los gastos de una bomba. Ricardina, ataviada con el vestido típico que es el que usa a diario, habla justo justo castellano. Vive con sus hijos, nietos y su madre y su padre, estos últimos sólo se comunican en quechua.


Entablamos una conversación con nuestra anfitriona y nos dice que le gusta que les visiten. Pero nos damos cuenta que la percepción del mundo que tienen se limita al perímetro de la isla. Comemos y cenamos en su cocina, a la luz de las velas y junto a una especie de fuego bajo que sirve también para cocinar en unos pucheros que bien pasarían por reliquias de museo. Nos da la sensación que hemos retrocedido no uno, sino varios siglos, pero estamos a gusto. Nos acomodan en una pequeña mesa en la que casi no entramos los dos y en el suelo se sienta el resto de la familia, como algo habitual en ellos. El humo del fuego inunda la oscura habitación. Ni siquiera nos vemos las caras y hablan entre ellos en quechua. Nos observan como a marcianos. Fue algo realmente surrealista pero que está guardado en nuestro disco duro para siempre. Nuestra habitación es básica pero está bien. Cuenta con un orinal debajo de la cama. Importante tenerlo en cuenta.


Por la tarde subimos al templo inca del Pachatata (dios padre) y contemplamos un atardecer inolvidable con el lago Titicaca como protagonista y la cordillera de los Andes nevada al fondo.
Por la noche Ricardina nos viste con los trajes típicos y nos lleva a una “fiestuqui” donde coincidimos todos los visitantes. Nos echamos unos bailes un tanto sosos pero hay que destacar las manos de Ricardina. Es como si tuviesen una doble piel, gruesa y áspera, que le protege del frío. Es obvio que estas personas están hechas de otra pasta debido a las duras condiciones a las que están expuestas. Ricardina tiene 48 años y aparenta 70. Se dice de estos lugareños que cuando pisan tierra firme se les aclara hasta la piel. Sin duda toda una experiencia.


Al día siguiente, después de despedirnos de la familia, nos dirigimos a la isla de Taquile donde son fiestas y está todo el pueblo en la plaza viendo las danzas regionales. Vamos, como Sanmigeles de Iurreta. En esta excursión conocemos a tres chicas muy majas de Valladolid y Palencia, Ruth, Irene y Bego. Ellas sí que habían conocido la cruda realidad de Perú, ya que estuvieron varias semanas en Lima colaborando a través de una ONG, impartiendo clases de apoyo a niños más desfavorecidos de la capital. Aprovechaban los últimos días de su estancia para recorrer los lugares más interesantes de Perú y Bolivia. Nos contaron algunas experiencias que vivieron en Lima de quedarte con la boca abierta. Esa era la cruda realidad.





Próximo destino: Bolivia.


VALORACIÓN DE PERÚ: Perú ofrece una variedad muy amplia de alternativas que hacen que sea un destino muy recomendable. Machu Picchu es la reina y realmente se gana el calificativo. Este país cuenta con numerosos alicientes que bien merecen una visita: enclaves arqueológicos impresionantes, un pasado muy rico y ciudades que lo avalan y maravillas naturales que sorprenden. Además es un destino muy económico, excepto Machu Picchu, que hace gala de encontrarse entre las siete maravillas del mundo que se nota también en el precio. Respecto al transporte por carretera se pueden encontrar compañías de calidad y seguras. Además hay alojamiento para todos los gustos y bolsillos. Nos hubiese gustado hacer una visita al norte del país, pero otra vez será.